
Ella tiene una mirada que te aprisiona. Imagínatelo en el sentido figurado de la palabra, su mirada es como un imán, tú la ves y ya estas lamiendole los labios como un adicto a ese caramelo.
No puedes controlar el impulso, te conmueve profundamente y atraviesas campos y espinas para tocarla, para mirarle fijo en los ojos. Y luego te partes en millones de partes de las que estas compuesto y te le pegas en todo su cuerpo. Convirtiéndote en un emboltorio invisible que la protege. Tus partículas completamente diseminadas alrededor de su ligero cuerpo. Pero ella aún contigo pegado a su piel, volverá a mirar a otro desprevenido y sucederá lo mismo.
Ella tiene en los ojos la fuerza de mil imanes.
Yo soy entonces...su polo opuesto.
Discurso de la servidumbre
voluntaria en plena “Democracia”
Después de haber leído el breve manifiesto de Étienne de la Boétie, acerca del extraño fenómeno de la esclavitud voluntaria de los hombres faltos de libertad y autoestima, he disidido continuar lo que sería el discurso de la servidumbre voluntaria en los tiempos en que vivo yo. Siglo veinte-UNO. Siglo maldito, junto con su antecesor.
Étienne de la Boétie tenía tan solo 18 años en 1548, cuando escribió este manifiesto abierto a la libertad absoluta, hace aproximadamente unos 500 años atrás. Se que estaría triste de ver como ni aún tanto tiempo después, con tantos errores explícitos, tantas muertes, tantas revoluciones, tanta sangre vuelta a la tierra antes de lo previsto, tanto odio y tanta lucha, la gente sigue como en tiempos de antaño. Sigue masacrando lo que le pertenece y que cada vez más lejana se encuentra de su vida, su libertad. ¡Y que decir de los tiranos de hoy y su extraña legitimación!
Capitulo I: LA COSTUMBRE de la servidumbre.
Qué más adornada está la servidumbre,
hoy que nunca jamás,
y que más dormida está la gente,
hoy que nunca jamás.
Quisiera hacer hincapié en algunos puntos claves en la obra de la Boétie, para poder conectar la actualidad con el legado que nos ha dejado (y que de antes sabemos) acerca de la tiranía de antaño.
“La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre”.
Estas palabras declaradas por de la Boétie, nos hacen comenzar a pensar en lo que hoy en día es la primer razón de la servidumbre voluntaria o si coincide con la de aquel tiempo. Digamos que la costumbre es a lo que nos habituamos por conocimiento, por creencia y naturalmente por imposición. La costumbre en lo cotidiano de un hombre de este siglo, es en primer lugar hacer la secundaria, después una carrera universitaria o directamente un trabajo, casarse, tener hijos, comprar cosas para “adquirir un nivel de vida mejor o más digno”. Esas son las pautas a modo muy general de ver la costumbre de nuestros tiempos. #Costumbre pues: lo que nos es común, aquello que no nos cuestionamos porque así viene en su paquete de generaciones en generaciones. Las costumbres cambian con el paso del tiempo de a poco, reformándose en sus formas. La costumbre nunca cambia en forma RADICAL, siempre se reforma.
Así pues, es costumbre y bendición después de los tiranos que ha “tenido que soportar la humanidad”, votar y dejarse gobernar en Santa Democracia por los representantes del “pueblo soberano”. Caídos los que se mantenían en el trono convenciendo a la gente con discursos acerca de su propia divinidad y con mitos que la misma gente se encargaba de inventar, caídos ellos, la gente llevada por al costumbre de cargar sobre sus hombros la esclavitud ha mantenido bajo el apodo de presidentes a otros tiranos, quizás aún más despiadados.
Extraña manía, de querer quitarse la libertad de encima, como si les pesara mucho la responsabilidad de elegir y hacer de sus vidas lo que quisieran. Más simple antes era, porque los gobernantes no llegaban a todos los rincones del mundo, y sus leyes eran menos, vagas y poco firmes (aunque la mayoría se dieran al antojo del momento de los Reyes o Condes o quienes sean al poder), también había menos prohibiciones, menos obligaciones, pues así menos derechos. Hoy en día es más complejo y todo se ha multiplicado y también, por supuesto, los OjOs del TIRANO.
La historia de la humanidad ha improvisado y bosquejado millones de formas para la vida en sociedad, millones de árboles han sido víctimas para la exposición de obras que proseguían con los métodos anteriores y ¿qué ha pasado? nada. La sociedad se ha ido entorpeciendo y trabando cada vez más en lo que conocemos como “tramites legales” o simplemente como, burocracia. Hoy la tecnología nos es una amenaza, como lo eran antes los soldados, que podían interrumpir en cualquier momento y violar a tus hijas delante de ti.
La humanidad siempre tubo pretextos para verse acorralada por los Reyes impuestos por el poder divino, luego gracias a las armas los Dictadores dictan sus ordenes inquebrantables, luego por Democracia la gente hace de la servidumbre su estilo de vida ¿y la libertad que? Siempre relegada para cuando sea la humanidad un cadáver fósil.
El hombre no solo se priva de libertad a si mismo, si no que también se lo priva al de al lado, aquel que sí quiere tenerla y (como si fuera poco) al animal que por naturaleza más fuerte y salvaje que la nuestra, sufre hasta la muerte el robo de la libertad. ¿Y como hace cada uno para apresar al otro en su propia infelicidad? alegando a la seguridad y orden social.
Extraña criatura que quiere la igualdad, pero de una forma tan extraña como inexplicable.
Hemos entrado en un juego, en el cual el terror es el que manda. Y humano que es lo que aprende, piensa lo que le aproximan y siente como lo hacen sentir y como puede sentir, humano que todo eso que adquiere en un determinado medio y circunstancia, lo aplica a sus semejantes y sus venideros. Pues este es el método, por el cual el esquema se traspasa de generación en generación. Porque la rebeldía del hijo que no hace lo que el padre le dice no es más que un pequeño juego sentimental y de matices, pero ¿en que cambia si las bases del juego siguen siendo las mismas? esta base sobre la cual estamos parados es el terror, el miedo o paranoia. Miedo a que nos roben y nos arrebaten eso que tanto apreciamos, aquel auto o nuestros muebles llenos de ropas. Por miedo al ladrón de bienes materiales acudimos al ladrón de libertades, a quien no acusamos porque creemos nuestro protector y salvador. ¿Y quien pone al ladrón para crear la tonta distracción de privilegios a la hora acusar? Pues claro, el ladrón de libertades. Es por eso que tan simplemente nos dejamos engañar dividiéndonos. Por miedo al ladrón utilizamos diferentes métodos, ya sea para prevenir el hurto que se cierran más las puertas o se compran cámaras de seguridad o se paga por un cuidador (según el “valor” que se le entregue al objeto en custodia); pero en el caso de querer recuperar el objeto robado, es ahí cuando ponemos “cuidadores sociales”, cárceles para inadaptados, penas cada vez más graves que solo empeoran las cosas, leyes y más leyes. Es así como la gente se sabe defender “muy bien” de los ladronzuelos materiales, pero contra aquellos que roban libertad no hacen NADA. Al contrario, los apoyan creyendo así que cuanto más vigilados estén, menos posibilidades de asaltos, muertes y cosas malas sucederán en la calle. ¿No es esto acaso una estupidez? Para peor la costumbre se cuela en la gente venidera que con los mismos cimientos que sus padres, cosechan lo que pueden y se conforman con lo que tienen (hablando de sentimientos y libertades), creyendo que con los bienes materiales saciaran su falta de libertad y felicidad interior.
El ESTADO TIRANO no solo se cubre bajo el manto de otros pequeños ladronzuelos, también utiliza otras continuas preocupaciones para impedir desnudar su verdad de asesino natural del hombre y de la tierra.
Capitulo II: Los ojos del TIRANO.
“Había descubierto en los ojos de ella la desierta insensibilidad de la luna, vislumbrando una esclavitud psíquica dispuesta para la siembra como un campo negro.”
Debemos dejar algo en claro antes de proseguir: con el poder concentrado en una sola persona o en varias que organizan la vida de millones, no se puede vivir, no se puede obtener la libertad y menos la igualdad.
Extraño fenómeno el de los tiranos que realmente se creyeron en algún tiempo que su misión era gobernar a su antojo, creyéndose dueños del mundo. Al parecer hoy también pasa los mismo con los presidentes que aunque cambien cada cuatro años (un periodo tan corto) fácilmente es que se les suba la avaricia a la garganta y se crean dueños no del mundo, pero si de una buena porción de él. Hoy mas astutos y no tan creídos saben moverse como mierda en la cloaca. Entonces ¿como no pretender que los presentes tiranos no articulen maniobras para permanecer en el poder? ¡claro que si lo harán!, ¿pero como?
A su alcance tienen varias herramientas a las cuales pueden acceder de forma casi inmediata para su mantención en el poder. #Las instituciones: hologramas que aparentan ser el sustento de una sociedad, armas de doble filo que al estar en constante contacto con la ciudadanía imponen las órdenes básicas para que la persona actúe bajo determinadas fuertes influencias y estímulos. Aquel que no cumpliera lo que la institución manda, estaría pues en un problema ya que, como todos apoyan tal sistema, todos hacen que el que no entre en los códigos de las instituciones quede FUERA. Entonces el que haga todo como se debe más golosinas recibirá. Y así…a PREMIO y a RECOMPENSA la gente toma lo que puede y un poquito más también. Y yo me pregunto ¿Cómo se es menos libre, DENTRO O FUERA? Extraña línea de control se ha marcado entre ambos lados del juego del MIEDO.
Una institución es una ficción creada por el hombre, funciona a fuerza de hombres y mentes (como todo en el mundo), entonces la construcción que ésta tiene se da gracia s a la calidad de hombres que en ella actúen. No deja de ser una simple forma de organización que, como vemos: NO FUNCIONA (justamente por ser funcional al sistema vigente).
Y porque hay tanto desgano en las instituciones locales y provinciales ¿Por qué no funcionan? todos aluden a que los fondos que el Estado tendría que derivar A ELLAS, nunca llegan por la corrupción de los funcionarios “públicos”. Pues es aquí, es donde entra otro factor de la servidumbre voluntaria: funcionar siempre a cambio de dinero. ¿Y NOSOTROS QUE SOMOS ACASO, MÁQUINAS TRAGAMONEDAS O SERES HUMANOS? Lo pongo en duda todo el tiempo…
Todos se estimulan entre sí en una carrera de ver quien tiene más. La gente tiene la peculiar característica de unir mayor dinero o bien material, con mayor triunfo en la vida. Tontos caen en su propia trampa. Todos embusteros de todos, como tontos corren detrás del oro que no existe, que ellos solos se creyeron. Por eso es que producen, para vender el sueño del bien estar, y por eso es que trabajan, para ganar la plata para adquirir el mayor bien- estar posible. Dejando así de vivir, dejando así (a veces) de amar, de respirar, hasta dejando de saber que es lo que están comiendo. Algunos trabajan solo para comer, cubrir los gastos mínimos… ¿Gastos mínimos? insólitamente aunque sea básico, siempre hay un requisito, siempre saben de donde sacar una pluma más a la pobre gallina muerta. Así como antes era más impune el asunto de sacar las pocas ganancias, por medio de la violencia en crudo, Hoy es aún más fácil, por medio de una violencia cocinada o a medio cocinar en algunos casos. Las instituciones empresariales saquen y utilizan la mano de obra para crear los bienes que ellos mismos consumirán.
(para peor eso tiranos no son invencibles, porque esos tiramos somos nosotros apoyando a un par de imbésiles, y somos nosotros mismos haciéndoles caso, llevándoles, como quien diría, el apunte. Con esto afirmo que no somos victimas de nada, mas somos cómplices.)
Después de haber leído el breve manifiesto de Étienne de la Boétie, acerca del extraño fenómeno de la esclavitud voluntaria de los hombres faltos de libertad y autoestima, he disidido continuar lo que sería el discurso de la servidumbre voluntaria en los tiempos en que vivo yo. Siglo veinte-UNO. Siglo maldito, junto con su antecesor.
Étienne de la Boétie tenía tan solo 18 años en 1548, cuando escribió este manifiesto abierto a la libertad absoluta, hace aproximadamente unos 500 años atrás. Se que estaría triste de ver como ni aún tanto tiempo después, con tantos errores explícitos, tantas muertes, tantas revoluciones, tanta sangre vuelta a la tierra antes de lo previsto, tanto odio y tanta lucha, la gente sigue como en tiempos de antaño. Sigue masacrando lo que le pertenece y que cada vez más lejana se encuentra de su vida, su libertad. ¡Y que decir de los tiranos de hoy y su extraña legitimación!
Capitulo I: LA COSTUMBRE de la servidumbre.
Qué más adornada está la servidumbre,
hoy que nunca jamás,
y que más dormida está la gente,
hoy que nunca jamás.
Quisiera hacer hincapié en algunos puntos claves en la obra de la Boétie, para poder conectar la actualidad con el legado que nos ha dejado (y que de antes sabemos) acerca de la tiranía de antaño.
“La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre”.
Estas palabras declaradas por de la Boétie, nos hacen comenzar a pensar en lo que hoy en día es la primer razón de la servidumbre voluntaria o si coincide con la de aquel tiempo. Digamos que la costumbre es a lo que nos habituamos por conocimiento, por creencia y naturalmente por imposición. La costumbre en lo cotidiano de un hombre de este siglo, es en primer lugar hacer la secundaria, después una carrera universitaria o directamente un trabajo, casarse, tener hijos, comprar cosas para “adquirir un nivel de vida mejor o más digno”. Esas son las pautas a modo muy general de ver la costumbre de nuestros tiempos. #Costumbre pues: lo que nos es común, aquello que no nos cuestionamos porque así viene en su paquete de generaciones en generaciones. Las costumbres cambian con el paso del tiempo de a poco, reformándose en sus formas. La costumbre nunca cambia en forma RADICAL, siempre se reforma.
Así pues, es costumbre y bendición después de los tiranos que ha “tenido que soportar la humanidad”, votar y dejarse gobernar en Santa Democracia por los representantes del “pueblo soberano”. Caídos los que se mantenían en el trono convenciendo a la gente con discursos acerca de su propia divinidad y con mitos que la misma gente se encargaba de inventar, caídos ellos, la gente llevada por al costumbre de cargar sobre sus hombros la esclavitud ha mantenido bajo el apodo de presidentes a otros tiranos, quizás aún más despiadados.
Extraña manía, de querer quitarse la libertad de encima, como si les pesara mucho la responsabilidad de elegir y hacer de sus vidas lo que quisieran. Más simple antes era, porque los gobernantes no llegaban a todos los rincones del mundo, y sus leyes eran menos, vagas y poco firmes (aunque la mayoría se dieran al antojo del momento de los Reyes o Condes o quienes sean al poder), también había menos prohibiciones, menos obligaciones, pues así menos derechos. Hoy en día es más complejo y todo se ha multiplicado y también, por supuesto, los OjOs del TIRANO.
La historia de la humanidad ha improvisado y bosquejado millones de formas para la vida en sociedad, millones de árboles han sido víctimas para la exposición de obras que proseguían con los métodos anteriores y ¿qué ha pasado? nada. La sociedad se ha ido entorpeciendo y trabando cada vez más en lo que conocemos como “tramites legales” o simplemente como, burocracia. Hoy la tecnología nos es una amenaza, como lo eran antes los soldados, que podían interrumpir en cualquier momento y violar a tus hijas delante de ti.
La humanidad siempre tubo pretextos para verse acorralada por los Reyes impuestos por el poder divino, luego gracias a las armas los Dictadores dictan sus ordenes inquebrantables, luego por Democracia la gente hace de la servidumbre su estilo de vida ¿y la libertad que? Siempre relegada para cuando sea la humanidad un cadáver fósil.
El hombre no solo se priva de libertad a si mismo, si no que también se lo priva al de al lado, aquel que sí quiere tenerla y (como si fuera poco) al animal que por naturaleza más fuerte y salvaje que la nuestra, sufre hasta la muerte el robo de la libertad. ¿Y como hace cada uno para apresar al otro en su propia infelicidad? alegando a la seguridad y orden social.
Extraña criatura que quiere la igualdad, pero de una forma tan extraña como inexplicable.
Hemos entrado en un juego, en el cual el terror es el que manda. Y humano que es lo que aprende, piensa lo que le aproximan y siente como lo hacen sentir y como puede sentir, humano que todo eso que adquiere en un determinado medio y circunstancia, lo aplica a sus semejantes y sus venideros. Pues este es el método, por el cual el esquema se traspasa de generación en generación. Porque la rebeldía del hijo que no hace lo que el padre le dice no es más que un pequeño juego sentimental y de matices, pero ¿en que cambia si las bases del juego siguen siendo las mismas? esta base sobre la cual estamos parados es el terror, el miedo o paranoia. Miedo a que nos roben y nos arrebaten eso que tanto apreciamos, aquel auto o nuestros muebles llenos de ropas. Por miedo al ladrón de bienes materiales acudimos al ladrón de libertades, a quien no acusamos porque creemos nuestro protector y salvador. ¿Y quien pone al ladrón para crear la tonta distracción de privilegios a la hora acusar? Pues claro, el ladrón de libertades. Es por eso que tan simplemente nos dejamos engañar dividiéndonos. Por miedo al ladrón utilizamos diferentes métodos, ya sea para prevenir el hurto que se cierran más las puertas o se compran cámaras de seguridad o se paga por un cuidador (según el “valor” que se le entregue al objeto en custodia); pero en el caso de querer recuperar el objeto robado, es ahí cuando ponemos “cuidadores sociales”, cárceles para inadaptados, penas cada vez más graves que solo empeoran las cosas, leyes y más leyes. Es así como la gente se sabe defender “muy bien” de los ladronzuelos materiales, pero contra aquellos que roban libertad no hacen NADA. Al contrario, los apoyan creyendo así que cuanto más vigilados estén, menos posibilidades de asaltos, muertes y cosas malas sucederán en la calle. ¿No es esto acaso una estupidez? Para peor la costumbre se cuela en la gente venidera que con los mismos cimientos que sus padres, cosechan lo que pueden y se conforman con lo que tienen (hablando de sentimientos y libertades), creyendo que con los bienes materiales saciaran su falta de libertad y felicidad interior.
El ESTADO TIRANO no solo se cubre bajo el manto de otros pequeños ladronzuelos, también utiliza otras continuas preocupaciones para impedir desnudar su verdad de asesino natural del hombre y de la tierra.
Capitulo II: Los ojos del TIRANO.
“Había descubierto en los ojos de ella la desierta insensibilidad de la luna, vislumbrando una esclavitud psíquica dispuesta para la siembra como un campo negro.”
Debemos dejar algo en claro antes de proseguir: con el poder concentrado en una sola persona o en varias que organizan la vida de millones, no se puede vivir, no se puede obtener la libertad y menos la igualdad.
Extraño fenómeno el de los tiranos que realmente se creyeron en algún tiempo que su misión era gobernar a su antojo, creyéndose dueños del mundo. Al parecer hoy también pasa los mismo con los presidentes que aunque cambien cada cuatro años (un periodo tan corto) fácilmente es que se les suba la avaricia a la garganta y se crean dueños no del mundo, pero si de una buena porción de él. Hoy mas astutos y no tan creídos saben moverse como mierda en la cloaca. Entonces ¿como no pretender que los presentes tiranos no articulen maniobras para permanecer en el poder? ¡claro que si lo harán!, ¿pero como?
A su alcance tienen varias herramientas a las cuales pueden acceder de forma casi inmediata para su mantención en el poder. #Las instituciones: hologramas que aparentan ser el sustento de una sociedad, armas de doble filo que al estar en constante contacto con la ciudadanía imponen las órdenes básicas para que la persona actúe bajo determinadas fuertes influencias y estímulos. Aquel que no cumpliera lo que la institución manda, estaría pues en un problema ya que, como todos apoyan tal sistema, todos hacen que el que no entre en los códigos de las instituciones quede FUERA. Entonces el que haga todo como se debe más golosinas recibirá. Y así…a PREMIO y a RECOMPENSA la gente toma lo que puede y un poquito más también. Y yo me pregunto ¿Cómo se es menos libre, DENTRO O FUERA? Extraña línea de control se ha marcado entre ambos lados del juego del MIEDO.
Una institución es una ficción creada por el hombre, funciona a fuerza de hombres y mentes (como todo en el mundo), entonces la construcción que ésta tiene se da gracia s a la calidad de hombres que en ella actúen. No deja de ser una simple forma de organización que, como vemos: NO FUNCIONA (justamente por ser funcional al sistema vigente).
Y porque hay tanto desgano en las instituciones locales y provinciales ¿Por qué no funcionan? todos aluden a que los fondos que el Estado tendría que derivar A ELLAS, nunca llegan por la corrupción de los funcionarios “públicos”. Pues es aquí, es donde entra otro factor de la servidumbre voluntaria: funcionar siempre a cambio de dinero. ¿Y NOSOTROS QUE SOMOS ACASO, MÁQUINAS TRAGAMONEDAS O SERES HUMANOS? Lo pongo en duda todo el tiempo…
Todos se estimulan entre sí en una carrera de ver quien tiene más. La gente tiene la peculiar característica de unir mayor dinero o bien material, con mayor triunfo en la vida. Tontos caen en su propia trampa. Todos embusteros de todos, como tontos corren detrás del oro que no existe, que ellos solos se creyeron. Por eso es que producen, para vender el sueño del bien estar, y por eso es que trabajan, para ganar la plata para adquirir el mayor bien- estar posible. Dejando así de vivir, dejando así (a veces) de amar, de respirar, hasta dejando de saber que es lo que están comiendo. Algunos trabajan solo para comer, cubrir los gastos mínimos… ¿Gastos mínimos? insólitamente aunque sea básico, siempre hay un requisito, siempre saben de donde sacar una pluma más a la pobre gallina muerta. Así como antes era más impune el asunto de sacar las pocas ganancias, por medio de la violencia en crudo, Hoy es aún más fácil, por medio de una violencia cocinada o a medio cocinar en algunos casos. Las instituciones empresariales saquen y utilizan la mano de obra para crear los bienes que ellos mismos consumirán.
(para peor eso tiranos no son invencibles, porque esos tiramos somos nosotros apoyando a un par de imbésiles, y somos nosotros mismos haciéndoles caso, llevándoles, como quien diría, el apunte. Con esto afirmo que no somos victimas de nada, mas somos cómplices.)
Trastornos de una Masacre anarquista-
del 7 al 16 de enero de 1919,
del 7 al 16 de enero de 1919,
en la Patagonia Argentina.
Una huelga en los talleres Vasena y el saldo de cinco obreros muertos desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante una semana. Una semana Trágica. El día 9 de enero más de 100.000 manifestantes marcharon desde la Calle Corrientes hasta Chacarita para enterrar a los muertos. Los policías -algunos a caballo- fueron hasta el cementerio mismo y la nueva lucha dejó 40 muertos y centenares de heridos. Por la tarde se declaró huelga general en la que trabajadores de distintos lugares se manifestaban en las calles. Irigoyen designó a Luís Dellepiane como comandante militar para que él tratara de “serenar los ánimos”. Finalmente el día 16, “la calma volvió al país”. La brutalidad policial puede evidenciarse en una metodología particular: muchos cadáveres de los obreros fueron incinerados. La semana Trágica dejó más de 700 muertos y cientos de deportados y detenidos. Más de 700 voces y manos y cuerpos y almas hechas polvo de ceniza calcinada.
Una huelga en los talleres Vasena y el saldo de cinco obreros muertos desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante una semana. Una semana Trágica. El día 9 de enero más de 100.000 manifestantes marcharon desde la Calle Corrientes hasta Chacarita para enterrar a los muertos. Los policías -algunos a caballo- fueron hasta el cementerio mismo y la nueva lucha dejó 40 muertos y centenares de heridos. Por la tarde se declaró huelga general en la que trabajadores de distintos lugares se manifestaban en las calles. Irigoyen designó a Luís Dellepiane como comandante militar para que él tratara de “serenar los ánimos”. Finalmente el día 16, “la calma volvió al país”. La brutalidad policial puede evidenciarse en una metodología particular: muchos cadáveres de los obreros fueron incinerados. La semana Trágica dejó más de 700 muertos y cientos de deportados y detenidos. Más de 700 voces y manos y cuerpos y almas hechas polvo de ceniza calcinada.
Levantaba la mirada enfurecido, la cólera copio las formas más complejas en un largo proceso interno, y sucumbió en su grito de llanto partido.
Toda la vida luchando contra la realidad empuñando la utopía y la libertad como armas de doble filo. Absurdas cadenas intocables, acusan su vida más que nunca. Su sensibilidad era tal, que canalizaba sus pasiones en las formas más extrañas. Todo fluía de él como una primavera apurada, compulsiva, semi-ahogada, rota, quemada. Con grietas que expulsaban la sangre a chorros, una sangre espantada.
Aquel verano de 1919, en que las fuerzas estatales masacraron carne y hueso, sangre y vida. Aquel suceso con tantos muertos, llenos de armas de doble filo, tal cual él. Aquel suceso convirtió la realidad y las cadenas en una prisión tan fuerte, como la mismísima muerte incorporada al cuerpo inerte.
Cascos vacíos de todo contenido humano, caminaban imponiéndose sobre las calles, sobre los terrenos, y los hombres dignos de vida, ante la peligra de contraer la muerte, de perder la vida, se fueron armados, a la batalla entre pueblo y gendarmería. Entre pueblo y estado. Entre pueblo y genocidas.
(“Las ideas no se matan”. Era una frase que parecía no tener cuestiones que discutir, pero obviamente sin hombres ejecutantes, conservadores de tales ideas, estas se veían tambaleantes ante otras peores pero con más afiliados, con más hacedores. Entonces aquellas se pierden, huyen ante el olor a sangre fresca, todo en nombre de ellas. Aterrorizadas sienten culpa y desaparecen.)
Horror y cólera llenaban sus venas. Los más fuertes lazos que lo amarraban a la vida verdadera, desaparecían arrebatados por aquellas fuerzas violentas ¿Cómo es que un hombre entonces pueda, luchar para romper cadenas, si no tiene alguien que lo ayude o lo comprenda, alguien a quien amar, a quien desear?
Fue por eso que más que entregarse al sistema, prefirió enloquecer de ira, enloquecer de amor, crear la venganza exacta, quitarles las ganas de seguir construyendo una falsa realidad a fuerza de muerte. Abonar la tierra infértil con el sentimiento de cambiarlo todo, que no quedara nada.
Sentado en la mesa, un lugar desolado para él sin compañeros. Con el puño cerrado, como si esperara las barreras militares y con un solo golpe pudiera derribarlas. Estuvo en ayunas durante algunas semanas, bebiendo el agua. Desequilibrado viajaba vibrante por las callezuelas. No, ya no había fiesta en el campo, ya no había amores rodando, ya no había fuerza en la sangre, los libros se marchitaban y sus barbas crecían amargas por sus mejillas que envejecían junto con su cuerpo.
Una mirada oculta arde en la ceniza ardida de su fotografía pintada. Aurora lo observa, lo mira desde el rincón, penetra en el fondo de un pozo profundo poblado de flores, millones de flores que lo miran como Aurora. Los ojos penetran firmes, intentan decirle algo, algo que él mismo se inventa para sacudir las muertes, sus estragos, la amargura cansada, la amargura causada. Quieren salir los árboles del pozo, quieren resurgir. Salir de la madera podrida que ya de nada le sirve al hombre, que llora Aurora y que llora Marcos.
Naturaleza desechada ¿Cómo es posible que la energía se deseche? no maten al árbol. No muerdan las flores con asco, no derrochen el agua, pidan permiso y pidan perdón, por todo lo hecho, por todo lo DES-HECHO. No torturen al animal, para matarlo agonizante en un charco de sangre.
Masacre del humano, cavando las tumbas y las cejas negras, los labios rojos, los cabellos revueltos, la tierra mojada, pegada al último suspiro. El velorio del color, ya muerto, color subterráneo. Marcos busca en la fiel mirada de Aurora las sombras robadas que los árboles regalaban. Une sin darse cuenta, la masacre-humana con la masacre-tierra.
Perfora la aguja de una sola estocada en el vientre descompuesto de Marcos y éste sin espera aprieta el puño y siente una leve fuerza.
Recordó la cajonera de Aurora, recordó los papeles escritos, recordó lo que ella era. Y las nieblas bajaron y lo bañaron de un sudor dulce y pegajoso. Débil como un ebrio, abrió el cajón que lo estaba esperando desde hacia un tiempo. Recorrió los papeles amarillos, casi muertos, si no fuera por la caída de Marcos con sus manos mojadas, ya casi temblorosas, tan amarillas como los papeles. Sintió por fin una sensación. Se le nublaron los ojos, se le llovían enteros con silencio, luego vinieron los espasmos con risa y llanto. Estaba vivo. El llanto de un niño perdido, le salía por la garganta quebrada. Se limpió con las manos las mejillas blancas, no por pudor, solo por precaución de no mojar los débiles papeles llenos de Auroras, miles de Auroras, y todas danzando para él.
Un ruido sordo y torpe en el otro salón, lo atormento y helo su sangre de selva forestada, incendiada, humillada. Recordó que con él vivía un perro, lo llamó y su compañía atenuó el dolor, volvía a la vida, parecía un sueño, algún encantamiento de la muerta Aurora, lo revivía aún inconciente a la vida del aire casi fresco de un otoño espantoso.
Quiso leer un solo pedazo del escrito, sus ojos recorrieron estás líneas…
“Oxigeno mi sangre intoxicada y libero las toxinas entrometidas en las publicidades del Estado. Grito cada vez más seguido y eso se da solo en un solo lugar. Observo la luna, se que me pide ayuda, espía de absolutamente todo lo que sucede en la tierra. Sufre por no poder tocar nada, no poder partir un rayo en el genocida, acudir al que agoniza, salvar el agua, los caballos, los árboles, las gargantas quebradas. La luna me pide ayuda, me pide que acuda, pero ella sabe sin embargo, que algún día chocará contra nosotros y destruirá su mayor mal:
el saqueo de la Tierra.
Cada planeta contiene su guardián, en el caso de algunos sus guardianes, sus satélites incansables, lo observan todo. En nuestro caso la Luna, fiel vengadora, que algún día cumplirá su destino de estrella fugaz y con todo esto tendrá que arrasar. ¡OH luna! mi querida luna, SE QUE SERÁ más que terrible acabar con tu amada Tierra, pero es que su sufrimiento es pleno, ella agoniza, junto a toda esta vida, invisible y visible a mis ojos…entonces ven y chócame sin más espera…”.
Marcos ahora ríe, desconsolado ríe, ante las hermosas locuras de Aurora.
Y siente ahora la presencia de la Luna llena a sus espaldas, cómplice de la lectura, ahogada de verdad, espía de la hormiga, suspira, la luna lo mira y suspira.
Ahora intenta levemente recomponer los hechos que lo han dejado tan débil y muerto. Recuerda que fue ya hace un tiempo. Era verano, era enero. Mataron a Eugenio y a 4 compañeros más y no hubo más remedio que salir a las calles, junto con miles a enterrar a los muertos de una masacre estatal. Luego divisa a los milicos, armados para una guerra, ellos también estaban preparados, pero no se puede así, así no se puede…Es preferible no recordar. Volvería a caer en la muerte del vivo inconciente. El dolor que no deja mover los músculos. Los golpes que producen heridas de limón y sal. los parpados rígidos. El llanto agudo. El casamiento con el dolor del alma resfriada. No convenía recordar. Por lo menos no la parte más dolorosa y aquellas imágenes perturbadoras que acusaban con derrumbar su alma. Mejor seguir, aunque fuera necesaria la fuerza de mil halcones, mejor era seguir. Con el recuerdo firme en el pecho que no se borraría ni con millones de años de existencia. Proseguir con Aurora pegada a la mejilla, maullando alguna canción o alguna idea nueva, en su pecho hambriento y con esa incansable sed de libertad.
Proponer un posible destino, convencerse sobre algún plan para salir del país, de la zona, de esa prisión que simulaba tener las puertas abiertas, aquella dictadura radical, que cogía con los terratenientes ingleses cada vez que podía. No lo logró, sentía que viajar y alejarse sería traicionar a sus compañeros. Se quedó para seguir.
Escucho que tocaban a la puerta, madera corroída por el tiempo de refugio en la casa. Tardo unos segundos y se arrimo con miedo a la puerta, era un obrero algo conocido, Marcos no recordaba ninguna otra facción humana que no fuera la de su amada. Lo saludo y lo invito a pasar sorprendido por la visita de alguien que le pareció ver algún día en su pasada vida. Sentados en el medio de un silencio seco se miraron y Marcos no pudo contener las lágrimas mugrientas que siempre se le aparecían. El hombre le comentó sobre un atentado a Irigoyen que estaban organizando los obreros allegados al movimiento libertario de la zona. Marcos cambio por primer vez en mucho tiempo el gesto, los ojos le brillaron, sintió de a poco que la sangre corría y le burbujeaba por las venas. Lo invitó a tomar un vino viejo que tenia guardado al hombre y éste aceptó de inmediato sacó un arma y lo reventó de un tiro. El engaño sabe a veneno, la injusticia está envenenada, su mirada sabía a veneno, aquel asesino ya estaba muerto. Amor mío, te espero en el árbol, sé que no me harás esperar.
tirar
los ojos al vacío del centro
Un libro me está matando
corren las palabras por mis venas
asfixia la predicción mi vida
dnde las palabras destruyen la mente,
el sentir, el percibir
donde la imaginación cobra vida
se vuelve irrefrenable
los ojos al vacío del centro
Un libro me está matando
corren las palabras por mis venas
asfixia la predicción mi vida
dnde las palabras destruyen la mente,
el sentir, el percibir
donde la imaginación cobra vida
se vuelve irrefrenable
Lucas, sus pudores
por Julio Cortazar.
En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las orejas se orientan hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metro del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oír se dejan en las circunstancias menos indicadas, o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde. Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto. En ese horror no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezará lo mas bien, suave silencioso, pero ya al final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación más bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina de plástico de la ducha. Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al punto de que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso. Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas sufre por él pues está seguro que de un segundo a otro resonará el primer halalí de la ignominia; lo asombra un poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas de lo que ocurre e incluso lo cubren con choques de cucharitas en las tazas y corrimientos de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas se siente feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que después de haber cagado. Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar excento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de su casa estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia. Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisión mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el doctor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.
En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las orejas se orientan hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metro del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oír se dejan en las circunstancias menos indicadas, o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde. Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto. En ese horror no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezará lo mas bien, suave silencioso, pero ya al final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación más bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina de plástico de la ducha. Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al punto de que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso. Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas sufre por él pues está seguro que de un segundo a otro resonará el primer halalí de la ignominia; lo asombra un poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas de lo que ocurre e incluso lo cubren con choques de cucharitas en las tazas y corrimientos de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas se siente feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que después de haber cagado. Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar excento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de su casa estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia. Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisión mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el doctor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.
La Condesa sangrienta .por Valentine Penrose. (primero)
por Alejandra Pizarnik (luego)
Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzébet Báthory necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo. Pero, ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta cómo y dónde quiere. Sí, y además es una definición posible de la condesa Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte?.
SOBRE la Condesa Sangrienta:
SOBRE Alejandra Pizarnik:


